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Perspectivas en el diagnóstico de las ETS

La Organización Mundial de la Salud estima que cada día más de un millón de personas contraen una enfermedad de transmisión sexual (ETS) en el mundo. Entre las ETS curables destacan la sífilis, la gonorrea, la clamidiasis o la tricomoniasis. Por otro lado, están el virus de la hepatitis B, virus del herpes simple, virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y virus del papiloma humano (VPH), causantes de patologías que no son curables actualmente (1).

Las ETS suponen una importante carga de morbimortalidad: comprometen la calidad de vida del paciente, la salud sexual y reproductiva, la salud del recién nacido y del niño, facilitan la transmisión del VIH y provocan cambios celulares que preceden a algunos tipos de cáncer (2).

Aunque se han logrado avances en el diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades, de forma global la prevalencia de las ETS se mantiene o incluso se incrementa. Esto se debe principalmente a la demora que se produce en el tratamiento en espera de un resultado diagnóstico.

Por ello, las pruebas diagnósticas que proporcionen resultados rápidos permitirán administrar tratamientos a un mayor número de pacientes infectados y se evitarán nuevos contagios al interrumpir la cadena de transmisión de la infección.

Métodos actuales de diagnóstico

Entre las ETS causadas por bacterias se encuentran las uretritis. Existen dos grandes grupos según el agente causante: uretritis gonocócica (provocada por Neisseria gonorrheae) y uretritis no gonocócica (provocada por Chlamydia trachomatis y Mycoplasma genitalium) (2).

La uretritis no gonocócica es la infección bacteriana que más frecuentemente se transmite, siendo Chlamydia el principal responsable de la infección a nivel mundial. La prueba estándar para su diagnóstico es la observación microscópica de leucocitos en la tinción Gram del frotis uretral. Esta prueba tiene varias desventajas, ya que la observación al microscopio requiere que haya una persona bien entrenada, existe variabilidad en función del usuario y la recogida de la muestra para el frotis es un proceso incómodo para el paciente (3, 4), por eso actualmente se están introduciendo otras técnicas de biología molecular y la citometría de flujo.

La introducción de las técnicas de biología molecular permite actualmente un diagnóstico rápido y específico, siendo el principal inconveniente su elevado coste (5). Además, no todas las muestras que se analizan resultan finalmente positivas, ya que muchas veces se pueden confundir los síntomas de una enfermedad de transmisión sexual con los de una infección del tracto urinario.

Nuevas aproximaciones en el diagnóstico

Los analizadores automáticos basados en citometría de flujo se usan rutinariamente en laboratorios de microbiología para el cribado de infecciones del tracto urinario, por lo que pueden utilizarse también para el cribado previo a la PCR en el caso de las ETS. Además, permiten el análisis de la orina sin centrifugar, lo que aporta información precisa del recuento de los leucocitos presentes en la muestra de orina. Este análisis es un método práctico para el cribado de pacientes para la detección de la infección uretral. Además, esta técnica no es invasiva, es independiente del usuario que la lleva a cabo, es rápida y tiene una mejor especificidad diagnóstica en comparación con la tinción Gram de la extensión uretral (6).

En la solución que Sysmex ofrece para el urianálisis se encuentra el citómetro de flujo UF-5000, que permite hacer un recuento preciso de los leucocitos de muestra de orina sin centrifugar. La tecnología en la que está basada este equipo ha sido evaluada por el grupo de S. Ito et al, y en su estudio han llegado a establecer un punto de corte de 12,5 leucocitos/μl con una sensibilidad de 86,9% y una especificidad de 88,6% para predecir las infecciones por Chlamydia y Neisseria gonorrheae (7).

 

Fuentes:

  1. Report on global sexually transmitted infection surveillance, 2018. Geneva: World Health Organization; 2018. Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO] 
  2. Workowski K.A., Bernan S.M. Centers for Disease Control and Prevention Sexually Transmitted Diseases Treatment Guidelines. Clin. Infect. Dis. 44, Suppl 3, S73-S76, 2011.
  3. Apoola A, Herrero-Diaz M, FitzHugh E, et al. A randomised controlled trial to assess pain with urethral swabs. Sex Transm Infect 2011;87:110–13.
  4. Smith R, Copas AJ, Prince M, et al. Poor sensitivity and consistency of microscopy in the diagnosis of low grade non-gonococcal urethritis. Sex Transm Infect 2003;79:487–90
  5. Martin D.H. Nongonococcal urethritis: new views through the prism of modern molecular microbiology. Curr. Infect. Dis. Rep. 10, 128-132, 2008.
  6. Pond MJ, et al. Sex Transm Infect 2015;91:165–170. doi:10.1136/sextrans-2014-051761
  7. S. Ito et al. Usefulness of quantifying leukocytes in first-voided urine to predict positivity for Chlamydia trachomatis in asymptomatic men at high risk for chlamydial infection. J Infect Chemother 20 (2014) 748e751
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