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Calendario científico mayo de 2026

El papel de M2BPGi en la detección precoz de la fibrosis hepática

¿Qué indica principalmente el M2BPGi?

Actividad inflamatoria hepática

Obstrucción de la vía biliar

Actividad fibrogénica en el hígado

Gravedad de la esteatosis

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Explicación

M2BPGi refleja la actividad fibrogénica y es útil en la estadificación de la fibrosis hepática, incluida la NAFLD (enfermedad del hígado graso no alcohólico).

Fundamentación científica

Enfermedad hepática crónica (CLD)

La enfermedad hepática crónica (CLD) es una afección de larga evolución en la que el hígado sufre un daño progresivo durante más de seis meses, lo que conduce a inflamación, cicatrización (fibrosis hepática) y, en algunos casos, cirrosis. Puede comprometer la capacidad del hígado para realizar funciones vitales, como la desintoxicación, la síntesis de proteínas y la excreción biliar.La CLD existe en un continuo que habitualmente progresa desde el daño hepático y la inflamación persistentes hasta la fibrosis, la fibrosis avanzada y la cirrosis, con un riesgo creciente de hipertensión portal, insuficiencia hepática y carcinoma hepatocelular. Aunque esta progresión suele ser por etapas, el ritmo y el patrón de progresión varían en función de la causa subyacente, y algunos pacientes pueden desarrollar carcinoma hepatocelular incluso en ausencia de cirrosis establecida.2 Además, la progresión de la enfermedad presenta una gran variabilidad en función del paciente y de la etiología específica. Especialmente en las fases iniciales, la CLD suele progresar de forma silente, sin síntomas significativos, y la progresión a cirrosis puede tardar hasta 50 años.3

Las causas más frecuentes de la CLD son la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (anteriormente denominada NAFLD, enfermedad del hígado graso no alcohólico), la enfermedad hepática relacionada con el alcohol, la hepatitis viral crónica (en particular, las hepatitis B y C) y, con menor frecuencia, trastornos hepáticos autoinmunes, colestásicos, genéticos o inducidos por fármacos. Estas afecciones difieren en su patogénesis, pero todas pueden favorecer un daño hepático persistente y la fibrogénesis, por lo que la identificación precoz de la etiología subyacente es esencial para la estratificación del riesgo y el manejo. Entre estos factores determinantes, la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) se reconoce cada vez más como una de las principales causas de CLD en muchos entornos de ingresos altos y está estrechamente asociada a la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes mellitus tipo 2, la dislipemia y el síndrome metabólico en sentido amplio. La enfermedad hepática relacionada con el alcohol sigue siendo una causa importante a nivel mundial y abarca un espectro que va desde la esteatosis y la esteatohepatitis hasta la fibrosis hepática avanzada y la cirrosis. La hepatitis B y C crónica sigue siendo una causa importante de la CLD a nivel mundial, en particular donde la prevalencia viral sigue siendo elevada, mientras que la hepatitis autoinmune, la colangitis biliar primaria, la colangitis esclerosante primaria, la hemocromatosis, la enfermedad de Wilson y determinados fármacos hepatotóxicos representan causas menos frecuentes, pero de importancia clínica, que deben considerarse en el diagnóstico diferencial.4

La enfermedad hepática crónica representa una carga sanitaria mundial importante y creciente. Cada año es responsable de alrededor de dos millones de muertes en todo el mundo, principalmente debido a la cirrosis, la hepatitis viral y el cáncer de hígado, por lo que constituye la undécima causa de muerte a nivel mundial. Es importante destacar que el impacto no se limita a un único grupo demográfico: aproximadamente una de cada tres muertes relacionadas con el hígado se produce en mujeres, lo que pone de manifiesto su amplio alcance poblacional. Más allá de la mortalidad, la enfermedad contribuye de manera significativa a la discapacidad a largo plazo, siendo la cirrosis la 15.ª causa principal de años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) a nivel mundial, lo que refleja los años de vida perdidos y vividos con mala salud. Las consecuencias económicas también son considerables; solo en Estados Unidos, se estima que la enfermedad hepática supone un coste de treinta y dos mil quinientos millones de dólares, lo que pone de relieve la importante carga que recae sobre los sistemas sanitarios y la sociedad. En conjunto, estas cifras demuestran que la enfermedad hepática crónica no solo constituye un desafío clínico, sino también un importante problema de salud pública y económico.5 

Fibrosis hepática

La fibrosis hepática es la acumulación patológica de matriz extracelular (en particular, colágeno fibrilar) en respuesta a una lesión hepática crónica, lo que representa un proceso de cicatrización potencialmente reversible que distorsiona, en grados variables, la arquitectura hepática normal. La cirrosis es el estadio avanzado de la enfermedad hepática crónica, en el que una fibrosis extensa se acompaña de nódulos de regeneración y una marcada remodelación de la arquitectura hepática, lo que conlleva un mayor riesgo de hipertensión portal, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular. En resumen, la fibrosis es el proceso de formación de tejido cicatricial, mientras que la cirrosis es la consecuencia en estadio final, estructural y clínicamente avanzada de una fibrosis grave y generalizada.6,7,8

El estadio de la fibrosis hepática es un factor clave del pronóstico del paciente, ya que los estadios más avanzados de fibrosis se asocian estrechamente con un mayor riesgo de cirrosis, descompensación hepática, carcinoma hepatocelular y mortalidad de causa hepática. La estadificación precisa de la fibrosis hepática permite la estratificación del riesgo, guía las decisiones terapéuticas y ayuda a monitorizar la progresión o la regresión de la enfermedad en respuesta al tratamiento.9

La evaluación de la enfermedad hepática crónica combina cada vez más métodos no invasivos para evaluar la fibrosis hepática y orientar el manejo. Las herramientas tradicionales incluyen la biopsia hepática, biomarcadores en suero (p. ej., APRI, FIB-4) y la elastografía basada en técnicas de imagen, todas ellas con limitaciones como el carácter invasivo, la imprecisión en estadios intermedios o la influencia de comorbilidades. Los enfoques basados en biomarcadores, como la medición del isómero de glicosilación de la proteína de unión a Mac-2 (M2BPGi), ofrecen una prueba sanguínea sencilla que refleja la fibrogénesis, lo que permite la detección precoz, la estratificación del riesgo y la monitorización de la progresión o regresión de la enfermedad con mayor comodidad para el paciente.10

M2BPGi – isómero de glicosilación de la proteína de unión a Mac-2

M2BP se expresa ampliamente en numerosos tejidos, con una expresión celular predominante en células inmunitarias, células epiteliales, fibroblastos y células tumorales. En el hígado, la M2BP es producida tanto por los hepatocitos como por células no parenquimatosas, incluidas las células de Kupffer, las células estrelladas hepáticas y los colangiocitos. Desde una perspectiva glicobiológica, M2BP es una proteína secretada altamente glicosilada que presenta múltiples glicanos ligados a N que son modificados por glicosiltransferasas en el aparato de Golgi. En condiciones fisiológicas, M2BP presenta un patrón de glucosilación estable y bien regulado.11

Durante la fibrosis hepática, los aumentos inducidos por inflamación de la actividad de las glicosiltransferasas dan lugar a cambios patológicos en la glicosilación de M2BP. Entre ellos se incluyen la adición y la ramificación de glicanos ligados a O, una fucosilación aumentada (tanto del núcleo como del brazo externo) y una sialilación alterada. En conjunto, estas modificaciones asociadas a fibrosis desplazan M2BP de su estado normal de glicosilación y permiten su unión a la aglutinina Wisteria floribunda (WFA).12

Durante la fibrosis hepática, las células estrelladas hepáticas (HSC) se convierten en una fuente principal de M2BPGi, cuyos niveles de expresión se correlacionan con la gravedad de la fibrosis. M2BPGi activa las células de Kupffer, lo que estimula el aumento de la expresión y la liberación de Mac‑2 (galectina‑3), una lectina profibrótica clave. Mac‑2, a su vez, activa aún más las células estrelladas hepáticas (HSCs), promoviendo la expresión de citocinas profibróticas, la deposición de matriz extracelular y una señalización fibrogénica sostenida. Esto crea un bucle de retroalimentación positiva que impulsa la progresión de la fibrosis hepática.13

Detección de M2BPGi

M2BPGi se detecta con el HISCL™ M2BPGi™-Qt Assay Kit (RUO*) en la plataforma HISCL™ mediante un ensayo de lectina-glicoproteína que reconoce específicamente los cambios de glicosilación asociados a la fibrosis en M2BP. En este método, el isómero de glicosilación de M2BP en suero se captura mediante un anticuerpo monoclonal anti‑M2BP inmovilizado en partículas magnéticas unidas a lectina seguido de la detección con un anticuerpo anti‑M2BP marcado con fosfatasa alcalina. La aglutinina de Wisteria floribunda (WFA) desempeña un papel clave al unirse de forma selectiva a las estructuras de O‑glicanos alteradas de M2BPGi, que se caracterizan por un aumento de la fucosilación y la sialilación. Esta unión altamente específica permite la medición quimioluminiscente cuantitativa de M2BPGi y refleja la extensión de la fibrogénesis hepática.14

Potencial de M2BPGi en las diferentes etiologías de la enfermedad hepática

El isómero de glicosilación de la proteína de unión a Mac‑2 (M2BPGi) ha emergido como un biomarcador robusto y no invasivo de la fibrosis hepática en una amplia gama de etiologías de la enfermedad hepática crónica. Existe amplia evidencia que demuestra que los niveles séricos de M2BPGi aumentan progresivamente con el estadio de fibrosis en la hepatitis viral crónica B y C, la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD/NAFLD), la enfermedad hepática relacionada con el alcohol y las enfermedades hepáticas colestásicas, como la colangitis biliar primaria, lo que refleja una vía fibrogénica común independiente de la causa subyacente. Cada vez hay más evidencia de que el HISCL™ M2BPGi™-Qt Assay Kit (RUO*) lo refleja.15,16

Los metaanálisis y los estudios de grandes cohortes muestran que el HISCL™ M2BPGi™-Qt Assay Kit (RUO*) presenta una buena precisión diagnóstica para la fibrosis hepática significativa y avanzada, en particular para ≥ F3 y cirrosis, y ofrece un rendimiento constante en etiologías virales y metabólicas. En la MASLD, M2BPGi sigue siendo informativo incluso en pacientes con obesidad, en los que los índices de fibrosis tradicionales a menudo ven mermado su rendimiento diagnóstico, lo que respalda su utilidad en esta población de pacientes en rápido crecimiento. Además, la combinación de M2BPGi con índices establecidos como FIB‑4 mejora la estratificación del riesgo y reduce tanto las derivaciones como los procedimientos invasivos innecesarios.16,17,18,19

Además de la estadificación de la fibrosis hepática, M2BPGi también refleja la actividad inflamatoria hepática y ha demostrado valor en la predicción de resultados clínicos, incluidos el desarrollo del carcinoma hepatocelular y la supervivencia en pacientes con enfermedad hepática avanzada. En conjunto, estos hallazgos sitúan M2BPGi como un biomarcador versátil, con una amplia aplicabilidad para el cribado, la estadificación, el seguimiento longitudinal y la evaluación pronóstica en diversas etiologías de enfermedad hepática crónica y respaldan el valor potencial del HISCL™ M2BPGi™-Qt Assay Kit (RUO*) en el diagnóstico relacionado con la fibrosis.15,20

 

* En la región de EMEA, el HISCL™ M2BPGi™-Qt Assay Kit está destinado actualmente únicamente a uso en investigación.

* El HISCL™ M2BPGi™-Qt Assay Kit está actualmente destinado únicamente para uso en investigación. El uso con fines de diagnóstico in vitro no está respaldado por Sysmex. 

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